Jueves, 31 Marzo 2016

Vidas cruzadas: Sor Patrocinio y Salustiano Olózaga

Aunque dos personajes mencionados en La cuestión de Palacio —Sor Patrocinio, “La monja de las llagas”, y don Salustiano Olózaga, un gran político progresista del siglo XIX— parecen desconectados, la voz popular dio por segura entre ambos una rara relación sentimental en tres actos.

El primero comienza una tarde primaveral de 1825, cuando el licenciado Salustiano —un navarro rubicundo, fornido, guapetón, seductor, y rico por su casa— se topa en el Paseo del Prado con Lolita Quiroga, una beldad adolescente que pasea cogida del bracete de su señora mamá. Queda prendado el mozo y a los pocos días la pide en matrimonio, pero ella le rechaza porque lo que le va, dice, es el amor divino y no el carnal.

Pasa el tiempo, Lolita se mete a monja franciscana y tiene alucinaciones que sus compañeras consideran signos de santidad. Luego le brotan las cinco llagas sangrantes, como a Jesús en el Gólgota. La noticia se extiende, empiezan las donaciones al convento, el gobierno liberal teme que se trate de propaganda carlista y el gobernador civil ordena a la policía trasladar a un piso retirado a Sor Patrocinio. Corre el año 1835 y el gobernador, mira tú por dónde, es don Salustiano Olózaga.

Así empieza el segundo acto, que se extiende en una larga serie de conversaciones entre ambos en el piso de marras, en las que, por lo visto, las artes del seductor fracasan de nuevo ante la virtud monjil. Más tarde, un juez concluye que lo de las llagas era una patraña urdida por un cura capuchino huido a Roma, ordenando el destierro de la monja.

Pasan los años y Sor Patrocinio se convierte en un personaje ultraconservador de gran influencia sobre los reyes, de quienes es consejera privada. Funda conventos, sufre destierros y en 1868, tras La Revolución Gloriosa, tras exiliarse los reyes, también se exilia en Francia.

Y en 1871 tiene lugar el tercer acto, durante la revolución de la Comuna en París. Entre las barricadas, el humo y el estruendo de los cañones deambula Sor Patrocinio, sexagenaria ya, recién llegada a la ciudad y sin sitio a donde ir. Al final logra llegar a la embajada española donde el señor embajador, don Salustiano una vez más, le otorga su protección.

Con tiros y griterío como ruido de fondo, pueden suponerse largas conversaciones entre ambos; dos seres opuestos sobre quienes un día voló el amor y que han pasado la vida enredados en otras cosas.

Días más tarde, él logra que la saquen de la ciudad en llamas.

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