Lunes, 22 Octubre 2012

Manuel Azaña en El Escorial

Don Manuel Azaña, Presidente de la Segunda República española, hizo sus estudios de Derecho en el Colegio Universitario fundado por la Reina María Cristina en El Escorial en 1892, donde, por las fechas, hubo de coincidir con Andrés de Vargas Guyot, el personaje principal de Parada y Fonda.

Portada de El Jardín de los frailes, de Manuel AzañaEn la novela, Manuel Azaña, Manolito para sus compañeros y amigos, aparece como lo que en realidad era entonces, un gran intelectual en germen, con una formación sorprendente para su edad y una sensibilidad y unos intereses culturales que le hacían único y le distanciaban de los demás. Así lo cuenta él mismo en su relato autobiográfico El Jardín de los Frailes, publicado en 1920, donde pone a caldo la educación retrógrada impartida en el centro, regido por los padres agustinos, y el talante de la mayoría de sus compañeros, a los que tacha de necios ignorantes, zafios y chabacanos: señoritos de casta a la espera de los puestos dirigentes que la sociedad les iba a deparar por su cara bonita al término de sus estudios. En el capítulo 3 de El Jardín de los Frailes, se refería así a la camaradería estudiantil:

“Hay que ser un bárbaro para complacerse en la camaradería estudiantil. Por punto general, entre escolares, los instintos bestiales salen al exterior en oleadas y so pretexto de compañerismo allanan las barreras que para hacer posible la vida en sociedad exige la educación. Una masa de estudiantes degenera velozmente en turba, ligada por la bajeza común. Y todo hombre que no esté atacado de futilidad incurable y aspire a formarse en el curso de la vida una conciencia noble no hace sino emanciparse de aquella necedad primaria, que, cuando más es, no rebasa el nivel de la licencia chabacana…”

De su compañía, lo único que debió sacar en limpio Andrés de Vargas, un muchachote sin muchas luces para el pensamiento
abstracto, fue una serie de frases importantes en latín, para ir soltando en el momento oportuno, que le acompañaron toda su vida.

Un gran hombre, Don Manuel, aunque, como el mismo reconoce en sus fascinantes Memorias, estuviera afectado por el pecado de la soberbia, igualito que Luzbel, el Angel Caído, del que por cierto, hay una sorprendente estatua, de Ricardo Bellver, en el madrileño Parque del Retiro, junto a la Rosaleda. Fue fundida en bronce en París para la Exposición Universal de 1878. 

Anoto que me deja perplejo la ilustración de la portada, antes reproducida, de la edición de El jardín de los frailes hecha por El País, que hace referencia al patio de un cole y no al jardín renacentista anexo al Monasterio de El Escorial, encargado hace más de quinientos años por Felipe II y comparado, según dicen, con los famosos jardines colgantes de Babilonia. La foto que sigue corresponde a un gran reportaje sobre el tema que puede verse en:

http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2012/09/el-jardin-y-la-huerta-de-los-frailes.html 

 

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