Martes, 22 Enero 2013

Tarde de verano en la Isla de la Grande Jatte

 

En el capítulo 34 de Parada y Fonda se menciona que en el palacete de Julien Rossignol en Neuilly, en las afueras de Paris, que era casi un museo de pintura impresionista, el cuadro más apreciado por el propietario era uno de los últimos estudios de Georges Seurat para “Tarde de domingo en la Isla de la Grande Jatte”, su obra más conocida, cuya versión final se encuentra en The Art Institute of Chicago.

La predilección de Julien, como se indica en el libro, era en parte sentimental, ya que el cuadro había sido el preferido de su difunta esposa Henriette, pintora ella misma y creadora de la estimable colección pictórica, compuesta casi exclusivamente de autores que había conocido personalmente, entre ellos Seurat.

Y la preferencia no es de extrañar porque la vista del cuadro produce en el espectador una fascinación muy rara, producto tanto de la técnica insólita utilizada por el pintor como de su muy particular estética, extraña, si no opuesta, a la del mundo en que le tocó vivir, el París del último tercio del siglo XIX, centrado aún en la corriente impresionista.

En cuanto a la técnica, aunque parte de la premisa básica de los impresionistas de usar pinceladas de color para transmitir la impresión deseada al espectador, la pintura de Seurat sigue un camino extremo, en el que se substituyen las pinceladas compactas por la yuxtaposición de pinceladas mínimas, casi puntos, de colores diversos, sobre el lienzo, que, por mezcla óptica, crean el color deseado cuando el cuadro se observa a la distancia adecuada según su tamaño (Divisionismo o Puntillismo).

 Se trata de un trabajo lento y minucioso, basado en los conocimientos científicos de la época sobre la teoría del color, opuesto al trabajo rápido que caracterizaba al quehacer impresionista, empeñado en encontrar la vitalidad de lo cambiante. De hecho, la pintura del cuadro, terminado en 1886, llevó a Seurat más de dos años, en su estudio y en el exterior, es decir en la Isla de la Grande Jatte, en el río Sena, a la altura de Neuilly, un hermoso lugar de esparcimiento muy apreciado por los parisinos, que al caer de la tarde acudían a los bailes populares cercanos (“guinguettes”).

En el cuadro, con destacados elementos verticales y horizontales, un conjunto de personas de diversa condición, de espalda o de perfil, con la mirada normalmente perdida en algún punto del horizonte, parecen disfrutar de la calma de una tarde veraniega junto al río. Solamente una niña enigmática vestida de blanco, el color resultante de la combinación de todos los demás, situada en el centro de la composición, mira hacia el lugar ocupado por el pintor/espectador.

 En el primer plano, observa el espectáculo una pareja formada por una damisela protegida del sol por una sombrilla negra, que lleva un monito asido de una correa —lo que al parecer estaba de moda entre las prostitutas parisinas de la época—, y un burgués encopetado con flor en el ojal y un purito entre los dedos, quizá dando un paseo para despejarse después de almorzar en alguno de los restaurantes cercanos.

El tiempo parece suspendido sobre el conjunto, que tiene un aire irreal e ideal, porque cada uno de los elementos del cuadro es el resultado de un cálculo preciso para dotar al conjunto de la perfecta armonía estática propia del mundo de las ideas puras.

Lo impresionante es que no existe ningún tipo de interacción entre los personajes reunidos accidentalmente en tan paradisíaco lugar. Entre ellos, salvo mínimas excepciones, no hay palabras ni gesto alguno que denote que se adviertan mutuamente. Están solos y pensativos, cada uno en su mundo, como los moáis alineados de la Isla de Pascua, fuera del tiempo. Solo el perrito situado junto al mono, que salta hacia un rectángulo de luz, y una muchachita rubia con vestido anaranjado aparecen en movimiento

La potencia del cuadro de Seurat ha llevado a crear obras en su homenaje a conocidos fotógrafos, dibujantes e ilustradores tales como Jonathan Burton (“Homenaje a Seurat”), el equipo creador de Los Simpson o Alejandro Delgado (“Michelangelo en Seurat”)

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